Caminando, voy. Con la paz de un nuevo día, con la luz de un nuevo sol, con la ilusión de un nuevo encuentro. Si hablamos de ruidos... solo hojas secas que resuenan en cada paso, quizás la carcajada de un niño al deslizarse por el tobogán, al sentirse en el aire con el "sube y baja" , al soñar que llegó al cielo trepando un árbol, al creer que conquistó el mundo cuando saltó de la hamaca, al ver que un abismo lo separa de su futuro, de las responsabilidades, de las preocupaciones, de la espera... En donde el dolor se va con una curita, en donde el llanto termina simplemente en el abrazo de mamá, ese abrazo que nos aleja del mundo, que nos protege y que es más fuerte que cualquier poder de algún villano enemigo, junto con tu hermano, aquel que para las aventuras se convierte en el mejor aliado.
Aquella imagen, que de inmediato me hizo remitirme directamente a mi pasado, quedó atrás...
Quizás la mejor parte de la historia es el poder recordar, es el hecho de saber que cada paso que damos, que cada línea escrita, cada párrafo, cada capítulo, se impregna en nuestro corazón y si bien, a veces la rutina nos cansa, el día a día nos cuesta, la lluvia nos seca, y el viento nos despeina... Cada momento vivido, lo llevamos dentro, cada instancia, cada etapa, cada sonrisa, cada encuentro... es una marca imborrable. Son pedacitos de experiencia, de confianza, de seguridad, de esperanza, de motivos, escenciales, para saber que siempre estamos listos para dar el próximo paso.
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